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Acerca de la traducción

Vivimos en la "sociedad de la información", en un mundo cada vez más globalizado e interconectado. De ahí que la comunicación rápida y eficaz de toda clase de información haya cobrado tanta importancia en todos los ámbitos.

El papel de los traductores como mediadores entre emisores y receptores de información escrita en idiomas diferentes es, en este sentido, fundamental para que dicha comunicación se produzca y obre los frutos esperados.

¿En qué consiste traducir?

Como mediador en el acto comunicativo, el traductor ha de tener en cuenta muchos factores al transmitir el mensaje. Esto es precisamente lo que hace de la traducción una labor ardua y que consiste en algo más que "saber dos idiomas". Los principales factores a analizar cada vez que se aborda un encargo de traducción son:
  • El campo de especialidad y el grado de especialización
    ¿Se trata de un texto periodístico, sobre tecnología, ciencia, economía, jurídico, ...? Una vez delimitado el campo o campos de especialidad, se determina el grado de especialización: ¿es un texto general, divulgativo, semiespecializado o especializado-académico?
  • La tipología textual
    Dentro del campo de especialidad identificado, ¿qué texto en concreto se va a traducir?, ¿una carta comercial, un contrato, un informe médico, un artículo científico, un folleto publicitario...?
    Identificar la tipología textual es esencial para enfrentarse a una traducción de forma adecuada y tomar a cada paso las decisiones correctas, pues permite conocer o, si no consta expresamente, suponer con gran probabilidad de acierto, quién escribe el documento (emisor), para quién lo escribe (receptor) y para qué lo escribe (función). Permite, además, prever qué estructura y forma de redacción deberá tener en la lengua de llegada. Por ejemplo, la estructura y fórmulas de una carta comercial escrita en alemán y de otra escrita en español presentan importantes diferencias que han de tenerse en cuenta y reflejarse en el texto traducido.
  • La terminología
    ("conjunto de términos o vocablos propios de determinada profesión, ciencia o materia", DRAE en línea, 2007) empleada deberá ser acorde tanto con el campo de especialidad como con el grado de especialización del texto. Así, al traducir un artículo científico divulgativo deberá emplearse una terminología, aunque propia de la especialidad, más "general" o reconocible para todo el público que en un artículo sobre la misma materia publicado en una revista especializada. Obviamente, en la exactitud de la terminología está la clave de una traducción fiel y eficaz.
  • El registro
    Se trata del grado de formalidad o informalidad de la expresión, que se decidirá en función del grado de especialización, del tipo de documento en concreto de que se trate, del objetivo que se pretenda alcanzar con el mismo y de los participantes del acto comunicativo.
    Nadie duda, por ejemplo, de que el grado de formalidad de una sentencia debe ser máximo. Sin embargo, en el lenguaje publicitario varía considerablemente el grado de formalidad en función del tipo de medio publicitario y del público destinatario.
  • La cultura
    Los idiomas son, no hay que olvidarlo, la máxima expresión de la cultura que los utiliza para comunicarse. Cada cultura es única, y aunque el grado de proximidad entre unas y otras varía, siempre existen diferencias.
    Para que un texto A, escrito en una lengua A y, por lo tanto, pertenenciente a una cultura A, pueda surtir exactamente el mismo efecto y transmitir exactamente el mismo mensaje en una cultura B, el traductor deberá salvar las diferencias culturales en el texto B escrito en la lengua B, adaptándolo ahí donde sea necesario sin dejar de transmitir con la mayor fidelidad posible tanto el contenido (mensaje) del texto A como su forma. Conservar la "forma" del texto A implica escribir un texto en la lengua B que mantenga en la medida de lo posible la forma de expresión, el tono, el grado de formalidad, etc. pero que -y aquí está el quid de la cuestión- no parezca en ningún momento una traducción. En otras palabras, debe ser un texto auténticamente propio de la cultura B, natural en su expresión, un texto no solo comprensible sino también familiar para los lectores de la cultura de llegada.

De todo lo explicado anteriomente se deduce que la traducción es mucho más que expresar en una lengua B un texto escrito en una lengua A. Es un proceso complejo, laborioso, exigente y que requiere una intervención constante, activa, informada, y prudente del traductor, como mediador comunicativo, para que el resultado sea lo más satisfactorio posible para todos.